jueves, 17 de marzo de 2011

EL AÑO DE LA MUERTE DE JOSÉ SARAMAGO

EVA DÍAZ PÉREZ
«AQUÍ ACABA el mar y empieza la tierra», comienza El año de la muerte de Ricardo Reis. Memoria de Saramago en Lisboa. Gran fiesta de la vida en Lanzarote. Recuerdos desde Andalucía. Un violonchelo y brindis con vino del Alentejo y malvasía de Lanzarote. Será este viernes a la caída de la tarde cuando se celebre en la casa de Saramago una hermosa ceremonia de despedida porque hace justo nueve meses que murió y ése es el tiempo en que se tarda en desaparecer. También es lo que se tarda en nacer. Así lo escribió en El año de la muerte de Ricardo Reis y es como si hubiera anunciado esta liturgia que tendría lugar meses después de su muerte.
Seguirá vagando este Saramago-no muerto por la casa de Lanzarote, acariciando los lomos de los libros queridos, observando los árboles del jardín, deleitándose con un sorbo de vino del Alentejo o de malvasía, escuchando el violonchelo con el que se abrirá al público su casa y la biblioteca.
Un lugar que ya podríamos reconocer, porque es el escenario del documental Jose y Pilar, de Manuel Gonçalves. Una casa que es como una extensión del mundo leído que reconocemos en sus novelas. El despacho en el que imaginó las parábolas del Ensayo sobre la ceguera,pero también el ventanal en Lisboa donde pensó por primera vez en la Blimunda de Memorial del convento.
Una vez que se ha leído uno de sus libros, Saramago acompaña siempre. Nunca será un difunto ni un olvidado. Recorre las estancias de la casa de Lanzarote. Pilar del Río lo sabe. Saramago nunca terminará de irse, sigue agazapado en los libros que escribió, sorprendiéndonos con su lucidez, salvando con memorables páginas de alta literatura. ¿Y si en esta descreída España se cumpliera el argumento de su Ensayo sobre la lucidez y todo el mundo votara en blanco en las próximas elecciones?
El mundo íntimo de Saramago aguarda en «A Casa», el taller del escritor, un recorrido por las circunvoluciones de su cerebro, un laberinto sosegado de su memoria con pasillos, estancias y aposentos. «Sabio es el que se contenta con el espectáculo del mundo», dice Ricardo Reis en las frases que anteceden a la novela de Saramago. Reis, el heterónimo de Pessoa, se encuentra con un Pessoa difunto. Y ahora, vagando por esta casa de Lanzarote, aparece también Saramago desde el otro lado para contarnos su historia. Porque se ha cumplido el argumento de Las intermitencias de la muerte y la desnarigada ha dejado de cumplir con sus ritos dejando la guadaña oxidada de tiempo y espera. «Aquí, donde el mar se acabó y la tierra espera».

Publicado en EL MUNDO de Andalucía el 17 de marzo de 2011